El gigante automotriz BYD, líder mundial en vehículos eléctricos, suspende sus planes de instalar una planta en México debido a la incertidumbre generada por las políticas arancelarias del presidente estadounidense Donald Trump. La compañía china apuesta ahora por la cautela, mientras reconfigura su estrategia ante un escenario geopolítico cada vez más complejo.
Una decisión congelada por la geopolítica
En un contexto global marcado por crecientes fricciones comerciales, BYD —el mayor fabricante de vehículos eléctricos de China— ha decidido pausar indefinidamente su proyecto de construcción de una planta en México, según confirmó esta semana su vicepresidenta ejecutiva, Stella Li, desde el estado brasileño de Bahía.
“Los problemas geopolíticos tienen un gran impacto en la industria automotriz”, afirmó Li. “Queremos esperar a que haya más claridad antes de tomar una decisión”.
Esta declaración llega en un momento en que la tensión entre China y Estados Unidos ha escalado tras el regreso de Donald Trump a la presidencia en 2025, quien ha retomado su política comercial proteccionista y anunciado nuevos aranceles generalizados contra productos importados.
¿Por qué México? ¿Y por qué no ahora?
BYD había identificado tres ubicaciones estratégicas en territorio mexicano para instalar su nueva planta, como parte de su plan de expansión en el continente americano. Sin embargo, tras el endurecimiento de la postura comercial de Washington, y ante la posibilidad de represalias tecnológicas y arancelarias, el proyecto quedó archivado.
A esto se suman los reportes del Financial Times, que revelaron que el Ministerio de Comercio de China también habría retrasado la aprobación del proyecto, por temor a que la operación expusiera tecnología sensible al alcance de EE. UU. desde suelo mexicano.
Aunque la presidenta mexicana Claudia Sheinbaum declaró en marzo que BYD no presentó una oferta formal, fuentes de la industria señalan que la decisión de “esperar y observar” fue tomada desde antes de las elecciones estadounidenses.
Trump y el nuevo proteccionismo industrial
La nueva oleada de aranceles recíprocos impuesta por Trump ha sacudido a la industria automotriz global. Los impuestos afectan especialmente a sectores clave como la electromovilidad, área en la que China ha alcanzado una posición dominante gracias a empresas como BYD y CATL.
Los fabricantes estadounidenses, incluyendo General Motors, también sienten el impacto. GM anunció recientemente una inversión de $4 mil millones para trasladar parte de su producción desde México hacia plantas en EE. UU., en un intento por mitigar los riesgos derivados del conflicto comercial.

Brasil gana terreno mientras México espera
Aunque BYD pausó su proyecto mexicano, la compañía sigue apostando por América Latina. Esta semana, inauguró en Bahía, Brasil, su primera planta de producción fuera de Asia, desde donde espera abastecer parte del mercado sudamericano con vehículos eléctricos ensamblados localmente.
La vicepresidenta ejecutiva no descartó futuras inversiones en la región, pero dejó claro que el clima actual no es el ideal para compromisos de largo plazo:
“La compañía aún planea expandir su red de producción, pero no está claro cuándo se tomará esa decisión debido al incierto entorno comercial global”, puntualizó Li.
México, entre la oportunidad y la incertidumbre
El caso de BYD revela una realidad incómoda para México: aunque el país sigue siendo una plataforma manufacturera privilegiada por su cercanía con EE. UU., el riesgo político y comercial vuelve a ser un factor disuasorio.
Las decisiones unilaterales de Washington, combinadas con una guerra tecnológica con Beijing, colocan al país en una zona gris de la que puede salir fortalecido… o rezagado.
Mientras tanto, la cancelación de BYD es una alerta temprana para los formuladores de política industrial: la seguridad jurídica, la estabilidad comercial y la capacidad de adaptación serán determinantes si México desea seguir atrayendo inversión extranjera en sectores de alta tecnología.
Redacta: Jade Bermeo