¿Es el sistema electoral peruano una maquinaria infalible o un gigante con pies de barro? El reciente hallazgo de material oficial en la vía pública ha desplazado el debate de los resultados hacia la integridad de las instituciones. En un escenario de alta polarización, el extravío de 1,200 voluntades ciudadanas no es solo una falla logística; es un síntoma de vulnerabilidad democrática.

Las cajas de la ONPE halladas en la vía pública contenían el material de sufragio de cuatro mesas del distrito de Surco, exponiendo una grave ruptura en la cadena de custodia del proceso electoral. (Foto: Willax / Beto a Saber)
El protocolo frente a la negligencia
La normativa de la ONPE es taxativa: el material electoral debe trasladarse bajo estricto resguardo policial y permanecer custodiado hasta la proclamación oficial de resultados. Sin embargo, la realidad en el distrito de Surco desafió toda reglamentación. Cuatro cajas selladas, con votos firmados por personeros y miembros de mesa, terminaron en un tacho de basura tras ser «olvidadas» en un taxi de servicio privado.
Claudia Sandoval, jefa de la ODPE Surco, reconoció la gravedad del incidente, atribuyéndolo a un «error involuntario». Lo inquietante del relato institucional reside en la cadena de omisiones: en el vehículo no solo viajaba el material, sino también un efectivo policial, un fiscalizador del Jurado Nacional de Elecciones (JNE) y un coordinador de la ONPE. Si tres filtros de seguridad fallaron simultáneamente, el dilema deja de ser humano para volverse estructural.
¿Actas digitales o respaldo físico?
Aunque se ha verificado que los votos de las mesas afectadas fueron debidamente procesados en el sistema digital, el conflicto escala al plano probatorio. Especialistas sostienen que la digitalización no sustituye el valor del documento original. La ruptura de la cadena de custodia compromete la trazabilidad del proceso y alimenta las narrativas de desconfianza que asedian a los organismos electorales.
El incidente pone bajo la lupa la gestión de la ONPE en un momento donde la transparencia no admite márgenes de error. Mientras el material recuperado por ciudadanos queda a disposición de las autoridades, queda en el aire una pregunta incómoda: ¿Cuántos «fallos involuntarios» puede resistir la fe pública antes de quebrarse definitivamente?.
Escribe: Naomi Selene Carrasco Cruz.