¿Es la necesidad económica un arma de guerra? El reciente llamado de la Cancillería peruana al representante de Moscú en Lima ha puesto al descubierto una realidad que supera la ficción diplomática: ciudadanos peruanos estarían siendo reclutados mediante redes de trata para combatir en la invasión a Ucrania. Este escenario plantea un desafío inédito para Torre Tagle: ¿Cómo proteger a nacionales en un territorio en conflicto cuando han sido absorbidos por la maquinaria militar de una potencia extranjera?

El Palacio de Torre Tagle ha convocado al representante de la Federación Rusa para esclarecer la situación de los ciudadanos peruanos vinculados al servicio militar en Moscú, bajo sospechas de redes de reclutamiento forzado. (Foto: Andina / Cancillería)
El mecanismo de la falsa promesa
La conformación de un grupo de trabajo multisectorial contra la trata de personas revela que no estamos ante casos aislados de voluntarios, sino ante un sistema de tráfico de migrantes. Jóvenes peruanos, seducidos por promesas de empleo o regularización migratoria, terminan en las trincheras de un conflicto ajeno. El dilema aquí es doble: la vulnerabilidad del ciudadano frente a redes criminales globales y la limitada capacidad de acción de un Estado que busca respuestas en una Rusia hermética.
La diplomacia frente a la urgencia
La solicitud de información urgente de la Cancillería sobre la ubicación y estado de salud de estos peruanos es el primer paso de una batalla legal y humanitaria. Mientras se investigan los nexos locales de estas redes de reclutamiento, surge la pregunta sobre la responsabilidad del Estado en la prevención. El análisis de esta crisis sugiere que la guerra en Europa del Este ha encontrado en la precariedad de América Latina una fuente de recursos humanos que desafía todas las normas del derecho internacional.
En este laberinto de pasaportes y trincheras, el Perú se enfrenta a la difícil tarea de repatriar no solo a sus ciudadanos, sino también la dignidad de una política exterior que debe imponerse ante el engaño y la explotación en tiempos de guerra.
Escribe: Naomi Selene Carrasco Cruz.