Lo que inició como un reclamo focalizado ha escalado hasta convertirse en una crisis sistémica que amenaza con paralizar por completo a Bolivia. Al cumplirse dos semanas consecutivas de protestas, los cortes de carretera impulsados por diversos sectores sociales han alcanzado una cifra crítica de 47 puntos de bloqueo, expandiéndose con fuerza en seis de los nueve departamentos del país. El eje de las demandas ha dejado de ser meramente gremial: la consigna principal en las calles exige ahora la renuncia inmediata del presidente Rodrigo Paz, arrastrando al país a un peligroso escenario de ingobernabilidad.

El mandatario Rodrigo Paz, quien asumió la jefatura de Estado el pasado 8 de noviembre, durante una comparecencia ante los medios en la ciudad de La Paz en febrero de 2026. Su gestión afronta una severa crisis por los bloqueos que cercan el país. (Foto: REUTERS/Claudia Morales)
La región andina como epicentro del descontento
Un análisis geográfico de las movilizaciones revela que el núcleo duro del conflicto se asienta en la región andina, con los departamentos de La Paz, Oruro y Potosí completamente cercados. Localidades estratégicas como Achica Arriba se han transformado en trincheras de escombros, piedras y fogatas que impiden el libre tránsito y cortan la conexión comercial entre las principales ciudades. La parálisis no solo afecta el transporte de pasajeros, sino que ha comenzado a generar desabastecimiento de productos básicos y combustibles, estrangulando una economía de por sí debilitada.
Lejos de ceder, la Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos y otros gremios aliados han advertido que las medidas se radicalizarán si el Ejecutivo insiste en ignorar sus demandas. Para las bases civiles, el gobierno actual ha perdido legitimidad debido a la crisis inflacionaria y la falta de respuestas políticas concretas, lo que ha unificado a sectores históricamente divididos bajo un solo propósito de presión.
La encrucijada política de Rodrigo Paz
El enfoque crítico de esta crisis pone en evidencia el agotamiento de los mecanismos de diálogo por parte del Palacio Quemado. La estrategia gubernamental de apostar al desgaste de las movilizaciones ha fracasado en el terreno, permitiendo que departamentos del oriente y sur, como Santa Cruz y Tarija, se sumen progresivamente a las jornadas de protesta. Con casi todo el mapa nacional pintado de conflicto, el presidente Rodrigo Paz se encuentra en su encrucijada más compleja: un desalojo por la fuerza militar podría desencadenar una espiral de violencia incontrolable, mientras que el inmovilismo político sigue alimentando la asfixia económica del país.
Escribe: Naomi Selene Carrasco Cruz.