Una alarmante paradoja económica y de gestión pone en riesgo el patrimonio cultural más importante del Perú. De acuerdo con revelaciones del gobernador regional del Cusco, la ciudadela inca de Machu Picchu recauda aproximadamente 250 millones de soles al año por concepto de turismo; sin embargo, de esa millonaria cifra, apenas 7 millones de soles regresan directamente al complejo arqueológico para tareas de preservación y mantenimiento. Esta alarmante desproporción ha encendido las alarmas de organismos internacionales, abriendo un severo cuestionamiento sobre el centralismo fiscal y el abandono de los atractivos históricos del país.
Pese a que representantes gremiales del Cusco aclararon que el pronunciamiento de la fundación suiza no es vinculante, se enfatiza el nulo avance en el mantenimiento del santuario histórico. (Video: Latina Noticias)
La advertencia internacional que amenaza el título de «Maravilla»
El debate ha trascendido las fronteras nacionales tras un duro pronunciamiento de la fundación privada suiza New7Wonders —entidad que promovió la elección de la llaqta como una de las siete maravillas del mundo moderno en 2007—. La organización emitió una severa advertencia sobre la alarmante falta de mejoras en la infraestructura turística, los accesos y la gestión de residuos en el distrito de Machupicchu (Aguas Calientes). Según los expertos, la persistencia de estas deficiencias logísticas y el descuido de la conservación ambiental erosionan la credibilidad internacional del santuario, poniendo en jaque su estatus global.
La autoridad regional cusqueña denunció que, mientras los fondos recaudados son absorbidos por las arcas del Gobierno central en Lima para ser redistribuidos bajo un criterio burocrático, la población local que colinda con el monumento histórico continúa sumida en condiciones de pobreza y falta de servicios básicos, evidenciando una desconexión total entre el éxito comercial del turismo y el desarrollo social de la región.
Centralismo y precariedad: Una bomba de tiempo arqueológica
El análisis crítico de esta situación desnuda una de las fallas más estructurales del modelo de gestión cultural peruano. Destinar solo el 2.8% de los ingresos autogenerados a la protección de un complejo de piedra altamente vulnerable ante los factores climáticos y la carga de visitantes no es solo una negligencia técnica, sino una bomba de tiempo arqueológica. Si el Ejecutivo insiste en tratar a Machu Picchu como una simple fuente de caja fiscal inagotable sin reinvertir de manera equivalente en su sostenibilidad, el deterioro físico será irreversible. La advertencia de New7Wonders debe ser el punto de quiebre para exigir una reforma integral que descentralice los recursos y priorice la vida del patrimonio antes de que el turismo masivo termine devorando su propia gallina de los huevos de oro.
Escribe: Naomi Selene Carrasco Cruz.