Mientras el primer lote de trenes duerme en Monserrate, el segundo arriba en dos semanas y la Municipalidad de Lima aún no define su destino. La improvisación y la falta de planificación marcan el futuro inmediato del proyecto bandera del alcalde Rafael López Aliaga.
Un tren sin rumbo (ni almacén definido)
El primer lote del tren Lima–Chosica ya está en Lima. Llegó este mes y fue trasladado a la estación de Monserrate, un espacio temporal que servirá de almacén mientras la Municipalidad Metropolitana de Lima (MML) organiza su operatividad. Sin embargo, el problema apenas comienza. En agosto llegará el segundo lote —compuesto por 44 vagones y 9 locomotoras— y no hay certeza de dónde será almacenado.
Una carta enviada por la concesionaria Ferrovías Central Andina al Ministerio de Transportes y Comunicaciones (MTC) y revelada por Hildebrandt en sus trece alertó sobre la falta de espacio disponible. La información fue confirmada por Luis Vilela, asesor de la Autoridad de Transporte Urbano (ATU), quien señaló que hasta el momento ninguna entidad ha definido el destino del nuevo envío ferroviario.
La respuesta oficial: entre improvisación y buenas intenciones
Frente a las críticas, la regidora de la MML y presidenta de la Comisión de Desarrollo Urbano, Roxana Rocha, aseguró en Cuarto Poder que sí existen terrenos privados que podrían usarse como almacén. “Yo no tengo la menor duda de que sí hay espacios. Se pueden conseguir en menos de un mes”, afirmó.
Sin embargo, cuando se le recordó que agosto está a dos semanas de distancia, no un mes, respondió con optimismo: “No se preocupe, que sí lo va a ver (…) ya hemos visto terrenos con muchas hectáreas”. La falta de detalles concretos sobre cuáles son esos terrenos o cómo se gestionará su habilitación, no pasó desapercibida para los especialistas.

Promesas versus plazos técnicos
El alcalde Rafael López Aliaga había prometido una marcha blanca en julio. Hoy, esa promesa se ha desplazado tentativamente a noviembre, según la regidora Rocha. Pero los expertos no coinciden. Marco Montoya, abogado y especialista en contrataciones públicas, sostiene que el plazo es mucho mayor.
“No son 45 días. Solo el proceso de selección del proveedor toma ese tiempo. Luego viene la ejecución, la supervisión (que podría estar a cargo de Ositrán), y otros procedimientos. Estamos hablando de un mínimo de un año”, afirmó.
Más interrogantes que certezas
Hasta el momento, el proyecto Lima–Chosica enfrenta una falta de planificación logística, contradicciones entre las fechas anunciadas y los plazos reales, y un manejo poco claro de la infraestructura necesaria para su puesta en marcha. Pese a tratarse de una donación, la llegada de los trenes parece haberse anticipado a la preparación institucional requerida para recibirlos.
Con el segundo lote a la vuelta de la esquina, los reflectores se centran ahora en la capacidad de reacción de la Municipalidad de Lima y en la voluntad política para convertir este símbolo de promesa urbana en un servicio concreto, funcional y sostenible. Por ahora, el tren llegó. Pero su ruta, al menos en términos logísticos y administrativos, sigue en pausa.
Redacta: Anghelo Basauri Escudero