MENU
Facebook
LinkedIn
X

La UE rompe su último tabú energético y sanciona al gas ruso por primera vez

El bloque europeo avanza en un paquete histórico que prohíbe la importación de gas natural licuado (GNL) de Rusia. La medida, que exige unanimidad, marca un punto de quiebre en la relación energética con Moscú tras más de tres años de guerra en Ucrania.

El fin de una era de dependencia

Durante décadas, el gas ruso fue un insumo vital para las economías europeas. Mientras que el petróleo y el carbón ya habían sido objeto de sanciones tras la invasión a Ucrania, el gas se mantenía como el último bastión intocable. Eso cambió este viernes, cuando la Comisión Europea anunció que el nuevo paquete de sanciones incluye la prohibición de importar gas natural licuado (GNL) ruso.

Según el comisario de Energía, Dan Jørgensen, se trata de un paso que acelerará la independencia energética: “Hasta ahora no hemos tenido sanciones por comprar gas a Rusia, y esto va a cambiar. La situación es grave y necesitamos actuar”, señaló en entrevista con Euronews.

Cuentas en rojo para Moscú

El año pasado, los Estados miembros gastaron 21.900 millones de euros en energía rusa. De esa suma, 20.050 millones de metros cúbicos correspondieron a GNL y más de 30.000 bcm al gas por gasoducto. La nueva medida adelanta un año el fin del GNL ruso, fijando como fecha límite el 1 de enero de 2027.

La retirada progresiva no solo contempla el GNL, sino también gasoductos y combustibles nucleares en etapas posteriores. En paralelo, se intensifica la vigilancia sobre la llamada “flota en la sombra” de Rusia, que ha operado para eludir sanciones en el transporte marítimo de crudo.

Tensiones internas en la UE

El éxito del paquete depende de la unanimidad de los 27 Estados miembros, un desafío en sí mismo. Todas las miradas están puestas en

países altamente dependientes de los oleoductos rusos y con historial de vetos. Aunque ninguno consume GNL ruso, ambos han advertido sobre riesgos para su seguridad energética y los costos de una transición acelerada.

Jørgensen, que mantiene conversaciones directas con Budapest y Bratislava, expresó confianza en que la gravedad de la guerra incline la balanza. “Hemos diversificado nuestras fuentes de gas y estamos listos para hacer más. Espero que todos comprendan que necesitamos actuar unidos”, dijo.

El nuevo mapa energético europeo

La decisión de Bruselas no solo supone un golpe a los ingresos del Kremlin, sino también un reacomodo global. El GNL estadounidense ya se ha convertido en el principal sustituto, lo que ha generado críticas sobre un simple reemplazo de dependencia: de Moscú a Washington.

Con este paso, la Unión Europea confirma que el camino hacia la autonomía energética está marcado por sacrificios, tensiones políticas y un delicado equilibrio entre la seguridad y la sostenibilidad. Lo que está en juego no es solo la factura energética, sino la capacidad de Europa de resistir las presiones de una guerra que no da tregua.

Redacta: Jade Bermeo