En 2024, América Latina experimentó una danza desigual con el capital extranjero: Perú, México y Brasil se destacaron con incrementos importantes en la inversión extranjera directa (IED), mientras que Argentina, Chile y Colombia enfrentaron retrocesos pronunciados. La confianza, la estabilidad y el tipo de inversión vuelven a convertirse en la clave del futuro económico regional.
El mapa del capital extranjero se dibuja a contraluz
En 2024, la región obtuvo un total de 189 000 millones de dólares en IED, un aumento del 7,1 % respecto al año anterior, equivalente al 2,8 % del PIB regional. Este flujo de capital no fue homogéneo: mientras que Perú lideró con un impresionante incremento del 57 %, seguido por México (48 %) y Brasil (14 %), en Argentina la caída fue del 53 %, en Chile del 32 % y en Colombia del 15 %.
Cuando los números esconden matices
La economía real no se mide solo por los montos: detrás de estos datos conviven distintas formas de inversión. La reinversión de utilidades y los préstamos intragrupo impulsaron gran parte del alza regional, más que la llegada de capitales frescos. Así, aunque la IED global subió, el arribo de nuevas empresas se estancó, lo que revela un enfoque conservador por parte de los inversionistas.

Perú: un caso singular de atracción de capital
El caso peruano es especialmente notable: allí, los mayores impulsores del avance fueron los aportes de capital frescos desde el exterior, no meramente la reinversión. El país atrajo 6 800 millones de dólares, con proyectos emblemáticos en minería, infraestructura y energía —como una planta de amoníaco verde en Arequipa y la expansión de la mina Antamina— que renovaron su atractivo económico.
México y Brasil: manufactura y nearshoring al servicio del crecimiento
En México, el dinamismo del sector manufacturero, aliado al fenómeno del nearshoring, generó un récord de 45 300 millones de dólares en IED, el nivel más alto desde 2013. En Brasil, el impulso vino también del sector fabril, especialmente en derivados del petróleo, biocombustibles y coque, alcanzando 71 000 millones de dólares, mayoritariamente gracias a reinversiones de utilidades.
Retroceso en Argentina, Chile y Colombia: señales de volatilidad
Por contraste, la fuga de inversionistas en Argentina, Chile y Colombia refleja preocupaciones profundas sobre la estabilidad política y económica. Estos retrocesos enlazan con entornos menos favorables para el negocio externo, donde el capital extranjero parece preferir esperar a que las señales mejoren.
Entre la oportunidad y el espejismo
Lo que emerge del panorama latinoamericano es una región en transición: algunos países logran atraer inversión real y a largo plazo, mientras otros enfrentan un capital que duda, que espera, que mide cada paso. La IED ya no es solo un indicador cuantitativo, sino una fotografía del clima de confianza y de la capacidad que tienen las economías para ofrecer seguridad y oportunidades.