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Tarifas bajo cero: Canadá recorta aranceles a EE. UU. en medio de la guerra comercial de Trump

El primer ministro Mark Carney anunció que Canadá eliminará parte de sus aranceles de represalia contra Estados Unidos, aunque mantendrá las tarifas a sectores sensibles como el acero, el aluminio y los automóviles. La medida busca aliviar tensiones bilaterales y preservar las ventajas del T-MEC (USMCA), pero abre un debate político interno sobre la firmeza canadiense frente a Donald Trump.

Un respiro tras meses de fricción

La noticia llegó un viernes de agosto, tras la primera conversación telefónica entre Mark Carney y el presidente Donald Trump desde que ambos países incumplieron el plazo para renovar su acuerdo comercial. En ese diálogo, Carney confirmó que a partir del 1 de septiembre, Canadá levantará los aranceles a bienes estadounidenses que cumplan con las condiciones del USMCA, devolviendo la libre circulación a la mayoría de productos entre las dos economías.

Con ello, se revierten los gravámenes que habían alcanzado un 25 % sobre cerca de 30.000 millones de dólares canadienses en mercancías como jugo de naranja, lavadoras o productos agrícolas. Sin embargo, Carney subrayó que el acero, el aluminio y los automóviles seguirán sujetos a tarifas, manteniendo los puntos más espinosos de la relación.

Trump celebra, Carney se defiende

Desde la Casa Blanca, la respuesta fue inmediata: un comunicado calificó la decisión canadiense de “muy esperada” y aseguró que Estados Unidos seguirá presionando en sectores clave. El propio Trump declaró que volverá a hablar pronto con Carney para acelerar las negociaciones comerciales.

Carney, por su parte, defendió su postura afirmando que Canadá ha conseguido un trato más ventajoso que la mayoría de países gravados por Trump. Mientras otras naciones enfrentan aranceles promedio de hasta un 16 %, las exportaciones canadienses soportan apenas un 5,6 %. “Es crucial preservar este beneficio único para los trabajadores y las empresas canadienses”, señaló.

La política interna: entre los “codos arriba” y la capitulación

El anuncio no estuvo exento de controversia dentro de Canadá. El líder conservador Pierre Poilievre acusó a Carney de renunciar a la estrategia de confrontación con Washington, ironizando que sus “codos misteriosamente han desaparecido”, en referencia a la promesa electoral del primer ministro de negociar con firmeza, evocando la dureza del hockey canadiense.

Las encuestas, sin embargo, muestran que una mayoría de canadienses respalda los aranceles de represalia contra Estados Unidos, lo que coloca a Carney en una posición política delicada: negociar alivios sin parecer débil frente al vecino del sur.

La fragilidad del acero y el automóvil

El terreno más crítico sigue siendo el industrial. Estados Unidos mantiene un 50 % de arancel sobre las importaciones de acero, aluminio y cobre, salvo las procedentes del Reino Unido, así como tarifas adicionales sobre vehículos. Canadá ha respondido con 25 % de aranceles propios en esos mismos sectores.

Los efectos ya se sienten en la economía: la provincia de Ontario, corazón automotriz del país, reportó la pérdida de 38.000 empleos en los últimos tres meses, la mayoría en manufactura. Los economistas advierten que la interdependencia de la industria norteamericana —donde un automóvil puede cruzar varias veces las fronteras entre Canadá, EE. UU. y México antes de llegar al mercado— hace que cada nueva tarifa represente un riesgo de ruptura en la cadena de suministro regional.

Entre el pragmatismo y la presión geopolítica

Más allá de la economía, esta disputa refleja el estilo de Trump de usar los aranceles como arma diplomática, tanto con aliados como con rivales. Canadá, junto con China, ha sido de los pocos países que respondieron con represalias directas. Pero a diferencia de Pekín, Ottawa busca preservar el marco del USMCA como escudo parcial frente a las políticas proteccionistas de Washington.

Carney insiste en que el objetivo es “acelerar las conversaciones en sectores estratégicos” antes de la revisión del acuerdo programada para el próximo año. Mientras tanto, la relación bilateral se mueve en una cuerda floja entre la cooperación y la confrontación.

La delgada frontera entre socios y rivales

Lo que comenzó como un pulso arancelario se ha convertido en una prueba de resistencia para la alianza comercial más importante del continente. Canadá intenta balancear pragmatismo económico con firmeza política, mientras Estados Unidos juega su partida con sanciones y amenazas.

En este tablero, el acero, el aluminio y los automóviles no son solo mercancías: son símbolos de poder, empleos y soberanía. Y aunque Carney levante algunas tarifas, la pregunta sigue en el aire: ¿puede Canadá mantener su ventaja competitiva sin perder la dureza de sus “codos arriba” frente a Donald Trump?

Redacción: Mauricio Saldaña Pizarro