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El arte de ser impredecible: La «Teoría del loco» con la que Trump está reconfigurando el orden mundial

Con ataques, amenazas y gestos inesperados, el presidente estadounidense Donald Trump está desempolvando una doctrina temida y olvidada: la imprevisibilidad como estrategia de poder. Y aunque parezca una locura, está funcionando.

Una doctrina forjada en el caos

“Tal vez lo haga. Tal vez no. Nadie sabe lo que voy a hacer”. Con esas palabras, Donald Trump respondió si se uniría a Israel en sus ataques contra Irán. Esa ambigüedad, que podría parecer fruto de la improvisación, responde en realidad a una estrategia conocida por los analistas como la «Teoría del loco»: hacer creer al mundo que uno es capaz de cualquier cosa, incluso irracional, para obtener ventajas estratégicas.

La doctrina, aplicada originalmente por Richard Nixon durante la guerra de Vietnam, ha sido llevada por Trump a un nuevo nivel. Su imprevisibilidad no es solo un estilo; es una herramienta de poder. Y está teniendo impacto.

Un mundo tambaleante: Aliados golpeados, enemigos confundidos

Desde su regreso a la Casa Blanca, Trump ha reconfigurado la política exterior de EE.UU. a partir de su personalidad volátil. Ha insultado a aliados históricos como Canadá, cuestionado el Artículo 5 de la OTAN, e incluso sugerido anexiones territoriales como Groenlandia y el Canal de Panamá. Mientras tanto, ha mostrado simpatía hacia rivales como Vladimir Putin y ha lanzado ataques unilaterales contra Irán.

Esta estrategia ha generado efectos concretos. Bajo presión de Trump, los países miembros de la OTAN aumentaron su gasto en defensa al 5% del PIB, un hito que ningún presidente estadounidense había logrado. Pero el costo ha sido alto: la credibilidad internacional de EE.UU. ha quedado en entredicho.

La predictibilidad de la impredecibilidad

Para algunos, Trump se ha convertido en un libro abierto. Su necesidad de adulación y su preferencia por los triunfos rápidos son rasgos tan evidentes como explotables. Esto debilita el corazón de su doctrina: si todos saben cómo va a reaccionar, su imprevisibilidad se vuelve predecible.

Y sin embargo, la estrategia ha surtido efecto en varios frentes. Ucrania, tras presiones y desplantes, terminó cediendo derechos de explotación de recursos minerales a EE.UU. Europa, por su parte, está rediseñando su arquitectura de defensa con la vista puesta en una posible retirada del compromiso estadounidense.

La «Teoría del loco» frente a los adversarios

La gran interrogante es si esta estrategia también funciona con los enemigos. Rusia ha mantenido su posición en la guerra de Ucrania, e Irán, tras los ataques estadounidenses, parece más decidido que nunca a desarrollar su programa nuclear. La doctrina podría estar alimentando aquello que busca prevenir.

Como sostiene el profesor Michael Desch, «los iraníes consideran a Kim Jong-un como el ejemplo positivo, y a Saddam Hussein y Gaddafi como los negativos». La lógica: solo la disuasión nuclear garantiza la supervivencia.

Europa se emancipa (a la fuerza)

El impacto más profundo podría no verse en los enemigos, sino en los aliados. Europa ha comenzado a asumir que la era de dependencia absoluta de EE.UU. podría estar llegando a su fin. Alemania, Francia y Reino Unido hablan abiertamente de una autonomía estratégica europea.

Ese giro implica desarrollar capacidades de defensa propias, multiplicar el gasto militar y crear una industria armamentística independiente. Un proceso largo, costoso y políticamente desafiante, pero que ha sido impulsado por la impredecibilidad del propio Trump.

El orden mundial en la cuerda floja

La «Teoría del loco» está dejando huella. Más allá de los titulares o las excentricidades, Trump está cambiando las reglas del juego internacional. Su estrategia ha empujado a sus aliados a repensar sus estrategias, y a sus enemigos a tomar precauciones que podrían desencadenar consecuencias impredecibles.

En un mundo cada vez más incierto, la pregunta no es si la doctrina funciona, sino cuál será el precio de su éxito.

Redacta: Jade Bermeo