En un discurso reciente compartido en redes sociales, el expresidente de Estados Unidos Donald Trump afirmó que “28 000 personas mueren al año por mordeduras de víboras” en un país latinoamericano, y describió ese lugar como “un sitio muy duro para vivir”. La declaración ha sido replicada y criticada por analistas y especialistas, porque no se basa en datos oficiales y contribuye a una percepción distorsionada de una realidad sanitaria compleja.
Cifras reales: mortalidad global vs. afirmaciones
Según estimaciones de organismos internacionales, las mordeduras de serpientes venenosas son un problema de salud pública, pero no en los niveles que Trump mencionó:
- A nivel global, la Organización Mundial de la Salud estima que entre 81 000 y 137 880 personas mueren cada año por mordeduras de serpientes en todo el mundo, equivalentes a aproximadamente una muerte cada cinco minutos, y hasta 400 000 personas quedan con discapacidades permanentes.
- Estas muertes ocurren en regiones rurales de países de bajos y medianos ingresos, especialmente en África, Asia y partes de América Latina, donde el acceso a atención médica y antivenenos es limitado.
- En muchos países latinoamericanos, el número de víctimas mortales es mucho menor que cualquier cifra en decenas de miles por país. Por ejemplo, estudios regionales señalan que en América Latina la mortalidad anual por mordeduras de serpientes suele ser una fracción de los números globales, con cifrados locales muy por debajo de las decenas de miles.
No existe evidencia de 28 000 muertes anuales en un solo país por mordeduras de víboras; incluso en naciones con alta incidencia, como Brasil, las muertes reportadas son del orden de decenas o cientos, no decenas de miles.
La desinformación de Trump
La divulgación de cifras infladas sin contexto no es un error menor. Cuando un líder político de alto perfil repite estadísticas sin verificación, puede:
- Alimentar estereotipos negativos sobre países y regiones que ya enfrentan desafíos de desarrollo y acceso a servicios fundamentales;
- Crear confusión sobre prioridades sanitarias reales, desviando atención de necesidades de inversión en salud pública hacia narrativas sensacionalistas;
- Minar la confianza del público en instituciones y datos científicos, que sí trabajan con metodologías epidemiológicas reconocidas.
Especialistas en salud global han destacado que las mordeduras de serpentessí representan un riesgo serio en zonas rurales, pero no de proporciones catastróficas nacionales como las afirmadas por Trump.
Un problema que existe
No se discute que las mordeduras de serpientes venenosas sean un asunto de salud pública que merece atención: la OMS ha promovido estrategias para reducir en 50 % las muertes y discapacidades vinculadas a mordeduras para 2030. Sin embargo, hacer afirmaciones numéricas exageradas o infundadas distorsiona el debate y puede dañar la reputación de países que en realidad trabajan con datos verificables para mejorar sus sistemas de salud.
La afirmación de que “28 000 personas mueren al año por mordeduras de víboras” es una cifra que no se sostiene con datos oficiales o estudios epidemiológicos confiables. Más allá de las intenciones del orador, propagar cifras falsas contribuye a la desinformación global y empaña la discusión pública sobre desafíos de salud reales que requieren respuestas basadas en evidencia, no en cifras inventadas o exageradas.