En un acto celebrado en la plaza Murillo de La Paz ante mandatarios latinoamericanos y un país herido, Rodrigo Paz asumió la presidencia de Bolivia, cerrando dos décadas de hegemonía del Movimiento al Socialismo (MAS). Su discurso apuntó a una nación “devastada”, con promesas de reforma institucional, apertura internacional y reconstrucción económica.
Un cambio de época: adiós al MAS, hola al centro-derecha
La jornada del sábado marcó un corte simbólico en la historia boliviana: el nuevo presidente juró el cargo ante la Asamblea Legislativa Plurinacional, recibiendo la banda presidencial y prometiendo que su gobierno será de “renovación y esperanza”. Tras casi veinte años de régimen masista, la elección de Rodrigo Paz representa un vuelco político que muchos interpretan como una apuesta por el capitalismo moderado y la integración global.

Escenario solemne y mensaje directo
La ceremonia se desarrolló en el histórico entorno de la Plaza Murillo, con la presencia de jefes de Estado como Javier Milei (Argentina), Gabriel Boric (Chile) y Daniel Noboa (Ecuador). En su alocución, Paz se refirió a la economía “quebrada”, la escasez, la burocracia paralizada y preguntó con contundencia: “¿Dónde está el litio? ¿Dónde está el gas?”. Aludió directamente a los recursos del país y a la responsabilidad de los gobiernos anteriores por no haberlos aprovechado.

Agenda inmediata: reconstrucción y apertura internacional
El nuevo mandatario definió tres ejes inmediatos: restitución del Estado de derecho, contención de la crisis económica y reactivación de los mecanismos de cooperación internacional. Su administración busca retomar relaciones estratégicas, atraer inversión extranjera y posicionar a Bolivia como actor clave en la región andina.
Las sombras del pasado sobre el nuevo horizonte
No obstante, la ruta no está libre de desafíos. Paz asume con un parlamento fragmentado, una economía con alta inflación y múltiples deudas, y una ciudadanía expectante. La política deberá construirse más mediante coaliciones que imposiciones. El reto estructural es mayúsculo: pasar del discurso al hecho.
La investidura de Rodrigo Paz no fue solo un cambio de figuras: fue la ruptura de un ciclo que parecía eterno. El país andino, con sus montañas, sus recursos y su historia rica pero conflictiva, abre un turno diferente. Ahora la esperanza se mide en políticas concretas, no solo en consignas. Cuando la bandera ondeó en La Paz, sonó también un compás nuevo para Bolivia.
Redacción: Mauricio Saldaña Pizarro