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Chile gira a la derecha con la victoria de José Antonio Kast en la elección presidencial

Chile dio un giro político significativo tras la contundente victoria de José Antonio Kast en la segunda vuelta presidencial. El ex legislador de línea ultraconservadora se impuso con más del 58 por ciento de los votos y derrotó a la candidata de la coalición oficialista de centroizquierda, Jeannette Jara, marcando el retorno de la derecha más dura al poder por primera vez desde el fin de la dictadura.

El respaldo a Kast se apoyó principalmente en su discurso de mano dura frente al crimen, su promesa de expulsar a migrantes en situación irregular y su oferta de reactivar una economía que atraviesa una etapa de bajo crecimiento. En varias ciudades, sus simpatizantes celebraron el resultado en las calles mientras se difundían los primeros cómputos oficiales.

Jara, exministra de Trabajo del gobierno de Gabriel Boric y militante del Partido Comunista, reconoció la derrota tras obtener cerca del 42 por ciento de los votos. En su mensaje a los seguidores, llamó a asumir el resultado como una instancia de aprendizaje y confirmó que había felicitado a Kast por su triunfo.

El nuevo presidente electo presentó el resultado como un mandato amplio, aunque subrayó que también implica una responsabilidad mayor. Durante su discurso, centrado en la recuperación del orden y de ciertos valores sociales, pidió respeto hacia su rival cuando parte del público intentó abuchearla, un gesto que contrastó con el tono confrontacional que caracterizó buena parte de su campaña.

La elección se inscribe en un contexto regional más amplio. En los últimos años, varios países de América Latina han desplazado a gobiernos en funciones y han optado por liderazgos de derecha, en medio del desgaste de administraciones progresistas y de una creciente preocupación por la seguridad y la inflación. Líderes como el presidente argentino Javier Milei celebraron rápidamente el resultado, al igual que funcionarios del gobierno estadounidense, que destacaron la posibilidad de fortalecer la cooperación bilateral.

El triunfo de Kast representa un quiebre con la alternancia moderada que caracterizó la política chilena desde 1990. Tras la transición a la democracia, el poder se repartió principalmente entre coaliciones de centroizquierda y centroderecha. Kast, en cambio, encarna una derecha ideológica más rígida, con posiciones firmes contra el aborto y el matrimonio igualitario, y con un discurso que reivindica aspectos del orden impuesto durante la dictadura de Augusto Pinochet, un periodo que sigue generando profundas divisiones en la sociedad chilena.

Durante campañas anteriores, ese perfil había limitado su alcance electoral. Sin embargo, el aumento de la delincuencia organizada y el impacto de la migración irregular durante el gobierno de Boric modificaron las prioridades de una parte importante del electorado. Su base de apoyo incluye desde empresarios atraídos por su enfoque promercado hasta sectores de clase media que expresan temor por la inseguridad cotidiana, así como grupos de extrema derecha que reivindican abiertamente el régimen militar.

Kast llega al poder con promesas ambiciosas y con desafíos inmediatos. En materia de seguridad, ha anunciado que tomará como referencia el modelo aplicado en El Salvador, con un endurecimiento del sistema penitenciario, mayor protagonismo de las fuerzas armadas y ampliación de las facultades policiales. En migración, plantea deportaciones masivas y el reforzamiento físico de la frontera norte. En lo económico, propone reducir el gasto público, achicar el Estado y bajar impuestos a las empresas para impulsar la inversión, medidas que algunos economistas consideran difíciles de ejecutar en los plazos prometidos.

El escenario legislativo añade complejidad. El Partido Republicano no cuenta con mayoría en el Congreso, por lo que Kast deberá negociar con sectores tradicionales de la derecha para sacar adelante su agenda. Analistas advierten que su margen de maniobra dependerá de su capacidad para moderar posiciones y construir acuerdos, una tarea que será clave para evitar bloqueos similares a los que enfrentó el gobierno saliente.

La interrogante que se abre ahora es si Kast optará por gobernar con pragmatismo o si mantendrá el perfil ideológico que lo llevó al poder. De esa decisión dependerá no solo la viabilidad de sus reformas, sino también la estabilidad política de un país que, tras décadas de moderación, se adentra en una etapa de mayor polarización.

Redacción: Luis Santiago Miguel Cabrera Gómez