El gigante asiático vuelve a sorprender con proyectos de infraestructura que parecen sacados de la ciencia ficción. En Guizhou y otras provincias, en lugar de perforar túneles, China corta montañas por la mitad para abrir paso a autopistas y ferrocarriles, reduciendo trayectos de horas a minutos, pero no sin polémica ambiental.
Ingeniería sin límites
China ha convertido la audacia en ingeniería en parte de su marca país. Tras hazañas como levantar el puente más alto del mundo, con 625 metros de altura, o construir carreteras imposibles como la de 18 curvas en zigzag en apenas 453 metros, ahora el desafío va un paso más allá: partir montañas literalmente en dos para abrir carreteras y vías férreas.
En la provincia de Guizhou, donde el terreno kárstico vuelve casi inviable la perforación de túneles, se desplegaron explosivos controlados y maquinaria pesada para seccionar macizos rocosos de hasta 200 metros de altura. El resultado: pasos rectos, reforzados con hormigón y mallas metálicas, que han reducido horas de trayecto a apenas unos minutos.

De lo imposible a lo cotidiano
La técnica, lejos de ser un experimento aislado, se replica en Yunnan, Sichuan y otros territorios montañosos. Proyectos como la autopista Guiyang-Qianxi o el paso de montaña de Taihang han transformado recorridos que antes parecían interminables en viajes directos, facilitando el transporte de mercancías y pasajeros. Incluso el ferrocarril de alta velocidad Pekín-Guangzhou atraviesa montañas literalmente cortadas en dos.
Aunque Noruega y Estados Unidos han recurrido a técnicas similares, nunca antes se había visto una escala tan ambiciosa. China ha hecho de esta estrategia un auténtico arte de la ingeniería moderna, llevando la infraestructura a niveles inéditos.
El precio oculto de la grandeza
El avance no está exento de críticas. Expertos advierten que la fragmentación de las montañas puede acelerar la erosión, generar deslizamientos y alterar ecosistemas. Los explosivos y maquinaria generan polvo, ruido y presión sobre la fauna local.
Para mitigar estos impactos, el gobierno implementa medidas como sistemas de drenaje, mallas de contención y pasadizos para animales, pero los cuestionamientos persisten: ¿hasta qué punto es sostenible cortar montañas enteras en nombre del progreso?

Conexión y desarrollo a toda costa
Lo cierto es que el balance entre desarrollo económico y cuidado ambiental es cada vez más delicado. Acortar distancias impulsa la conectividad, abre mercados y transforma aldeas remotas en nuevos polos urbanos. Pero cada corte en la roca deja también una huella en el paisaje y plantea dilemas sobre el costo real del progreso.
China demuestra, una vez más, que la ingeniería puede domar a la naturaleza… aunque siempre con riesgos que exigen precisión, planificación y responsabilidad. El futuro dirá si partir montañas fue la decisión correcta o una apuesta demasiado arriesgada.
Redacta: Jade Bermeo