La muerte de Nemesio Oseguera Cervantes, conocido como “El Mencho”, no solo marca el fin del liderazgo visible del Cartel Jalisco Nueva Generación, sino que inaugura una etapa de reacomodo interno con posibles repercusiones para la seguridad en México y en el continente. El operativo militar que terminó con su vida desató una reacción inmediata de violencia coordinada, incluyendo bloqueos y ataques en distintos puntos del país, lo que evidencia que la estructura del grupo mantiene capacidad operativa incluso tras la caída de su figura central.
Pocas horas después del operativo, autoridades identificaron a uno de sus principales operadores logísticos y financieros como responsable de organizar la respuesta armada. Su muerte en enfrentamientos posteriores sugiere que la segunda línea de mando también fue golpeada, pero no necesariamente desarticulada.
Un cartel con estructura flexible y proyección global
A diferencia de organizaciones criminales más tradicionales, el CJNG evolucionó hacia un modelo con mando central fuerte y células territoriales con amplio margen de acción. Esta combinación le permitió expandirse con rapidez dentro de México y consolidar redes en más de 40 países, según estimaciones de agencias estadounidenses.
Su crecimiento no se limitó al tráfico de drogas. Diversificó ingresos a través de extorsión, control de economías locales y lavado de activos en sectores legales como agricultura, construcción y comercio. Además, su capacidad para asegurar rutas marítimas estratégicas facilitó la importación de precursores químicos y la exportación de drogas sintéticas hacia Estados Unidos y otros mercados.
Desde una perspectiva de Relaciones Internacionales, el CJNG opera como un actor transnacional no estatal con capacidad de alterar dinámicas de seguridad regional. Su influencia rebasa fronteras y obliga a los Estados a coordinar políticas de inteligencia, comercio y control financiero.

El informe de la DEA muestra la expansión territorial del CJNG en gran parte de México, consolidando su alcance nacional. (Foto: Archivo / DEA)
El riesgo del vacío de poder
La eliminación de un líder no implica la desaparición de la organización. La historia reciente del narcotráfico en México demuestra que el descabezamiento suele generar periodos de violencia interna, disputas territoriales y reconfiguración de alianzas.
En el caso del CJNG, el escenario es particularmente delicado. Oseguera concentró el liderazgo y evitó la consolidación de sucesores claros. Varios de sus lugartenientes están presos o han sido asesinados en años anteriores. Esto abre la posibilidad de fracturas internas o intentos de liderazgo compartido.
El corto plazo podría estar marcado por ajustes internos relativamente rápidos. Sin embargo, en el mediano plazo podrían intensificarse conflictos en estados donde el CJNG disputa territorio con otras organizaciones. Este proceso no solo afecta la seguridad local, sino que puede alterar corredores de tráfico hacia Estados Unidos y Centroamérica.
Impacto en la relación México–Estados Unidos
El CJNG es un punto central en la agenda bilateral entre México y Estados Unidos, especialmente por su rol en el mercado de fentanilo. Washington ha presionado por acciones más contundentes contra el tráfico de opioides sintéticos, mientras que México ha defendido su soberanía frente a propuestas de intervención directa.
La muerte de “El Mencho” podría ser interpretada por Estados Unidos como un avance en la lucha contra el narcotráfico. No obstante, si el reacomodo interno genera mayor violencia o fragmentación, el efecto podría ser contrario al esperado.
Desde la óptica internacional, este episodio refleja una tensión estructural: la interdependencia en materia de seguridad obliga a cooperar, pero las diferencias políticas y estratégicas limitan la coordinación plena. La estabilidad de la organización criminal no solo incide en México, sino en el flujo de drogas, armas y dinero que conecta a Norteamérica con América Latina, Europa y Asia.
Más allá del liderazgo
El desafío no se reduce a identificar un sucesor. El CJNG ha demostrado que su fortaleza radica en su red operativa, su diversificación económica y su capacidad de adaptación. Mientras existan mercados ilícitos rentables y debilidades institucionales, la organización o sus fragmentos podrían continuar operando.
La etapa que se abre tras la muerte de su líder será decisiva. Puede derivar en una fragmentación violenta o en una reorganización más discreta pero igualmente funcional. Lo que está en juego no es solo el futuro de un cartel, sino el equilibrio de poder criminal en una región atravesada por flujos ilícitos transnacionales.
Escribe: Naomi Selene Carrasco Cruz.