El procesamiento de las actas oficiales de la segunda vuelta presidencial al 96% no solo confirma un escenario de infarto y polarización extrema en las urnas, sino que deja al descubierto una profunda crisis de representatividad que debilita la legitimidad de quien asuma el próximo quinquenio de gobierno. Con una diferencia que apenas supera las diez milésimas porcentuales entre los candidatos Roberto Sánchez (Juntos por el Perú) y Keiko Fujimori (Fuerza Popular), la verdadera fuerza mayoritaria de la jornada no estuvo en los mitines de campaña, sino en las casas y en el desinterés ciudadano: más de 8.2 millones de peruanos habilitados decidieron no acudir a votar, elevando el ausentismo a un histórico e insólito 30.3%.

El desglose al 96% de actas procesadas muestra la caída drástica de los votos en blanco y nulos frente a la primera vuelta, en contraste con el aumento de la inasistencia ciudadana a las urnas. (Foto: El Comercio)
Un país quebrado matemáticamente en las actas
El último reporte de actualización de la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE), emitido a las 14:38 horas, expone una paridad matemática sin precedentes en la historia democrática del país. El candidato de Juntos por el Perú, Roberto Sánchez, sostiene una ventaja microscópica con el 50.056% de los votos válidos (8,913,678 sufragios), frente al 49.944% obtenido por la lideresa de Fuerza Popular, Keiko Fujimori (8,893,675 sufragios). La distancia, equivalente a tan solo 20,003 votos de diferencia en un universo de más de 17.8 millones de votos emitidos, mantiene al país en vilo mientras los personeros técnicos de ambas agrupaciones disputan acta por acta en los jurados electorales especiales.
Sin embargo, el dato macroeconómico y social más alarmante radica en la curva de participación ciudadana. En comparación con la primera vuelta, donde el ausentismo se situó en un ya preocupante 26.2% (7.1 millones de omisos), el balotaje definitivo profundizó el repliegue civil, llevando la inasistencia a superar los 8.2 millones de personas.
Las causas del repliegue civil: Desafección, multas e inmovilidad
El análisis crítico de los especialistas frente a esta deserción masiva apunta a tres factores estructurales que los comandos de campaña prefirieron ignorar durante la contienda de cara a la segunda vuelta:
- Fatiga democrática y rechazo bilateral: Una proporción considerable del electorado optó por asumir la multa económica antes que verse forzada a elegir entre dos opciones programáticas percibidas como altamente polarizantes y carentes de consenso técnico.
- Incentivo decreciente de las sanciones: El actual esquema de multas escalonadas por omisión al voto ha perdido efectividad disuasoria en los sectores urbanos de ingresos medios y altos, donde el costo de la penalidad es asumido como un gasto menor frente al rechazo ideológico.
- Barreras de transporte e inmovilidad: El ausentismo también golpeó con dureza a los ciudadanos residentes en el extranjero y a aquellos que, por motivos laborales o de migración interna, no lograron trasladarse a sus regiones de origen ante la falta de facilidades en el transporte público regular.
El drástico descenso en los votos blancos y nulos —que cayeron de 3.4 millones en la primera vuelta a solo 1.2 millones en el balotaje— demuestra que el electorado que acudió a las urnas prefirió tomar una posición militante definida, pero confirma que la gran masa disconforme simplemente decidió darle la espalda al sistema. Quien resulte proclamado oficialmente por el Jurado Nacional de Elecciones tendrá el desafío inmediato de gobernar un país fragmentado por la mitad, donde casi un tercio de la población civil se siente completamente ajena al resultado.
Escribe: Naomi Selene Carras