En lo que promete ser un acontecimiento de profunda trascendencia geopolítica y religiosa, la Presidencia de la República oficializó que el Papa León XIV realizará una visita apostólica al Perú en noviembre de este año. La confirmación pone fin a las especulaciones de la Conferencia Episcopal Peruana, que hasta hace poco manejaba un margen de probabilidad del 80% entre los meses de noviembre y diciembre. Más allá del fervor católico tradicional, la llegada del sumo pontífice reviste un carácter inédito y profundamente simbólico: representa el regreso de Robert Prevost a la nación donde no solo se nacionalizó, sino donde sirvió directamente como obispo de la ciudad de Chiclayo.

El jefe de Estado, José María Balcázar, sostuvo un encuentro protocolar con el cardenal Carlos Castillo en la sede del Palacio Arzobisal. (Foto: El Peruano)
Coordinaciones en Palacio y la agenda del Vaticano
El anuncio formal se dio tras una reunión protocolar en el Palacio Arzobispal de Lima entre el presidente interino, José María Balcázar, y el cardenal Carlos Castillo, arzobispo de Lima y primado del Perú. El encuentro sirvió para establecer las primeras líneas de coordinación logística y de seguridad ante el arribo papal, en la víspera del viaje oficial que el mandatario peruano emprenderá hacia la Santa Sede para sostener una audiencia privada con el Santo Padre.
Durante la sesión, llamó la atención que Balcázar portara un ejemplar de ‘Magnifica humanitas’, la primera encíclica firmada por León XIV, cuyo eje central aborda un dilema de estricta modernidad: la preservación de la dignidad de la persona humana frente al avance de la inteligencia artificial. Desde el sector eclesiástico, Juan José Dioses, director de comunicaciones de la diócesis de Lima, instó a la opinión pública a recibir la noticia con «prudencia, seriedad y profundidad», mientras se espera el pronunciamiento definitivo y el cronograma detallado desde los despachos de Roma.
Los gestos previos: Disolución del Sodalicio y reconciliación en el norte
El análisis crítico de este viaje no puede desvincularse de las recientes y drásticas reformas que León XIV ha ejecutado en la estructura eclesiástica peruana. Antes de pisar suelo nacional, el pontífice ya ha comenzado a pavimentar su camino mediante importantes actos de reparación civil y pastoral. Semanas atrás, delegó a los cardenales Carlos Castillo y Pedro Barreto para encabezar una misa en la parroquia de Catacaos, Piura, donde se extendió un pedido explícito de perdón a las comunidades campesinas que fueron víctimas de abusos sistemáticos y despojo de tierras por parte del extinto Sodalicio de Vida Cristiana (SVC).
Esta visita se produce en un escenario de depuración interna, luego de que la Santa Sede decretara la expulsión de una decena de altos mandos de dicha congregación y aceptara la renuncia del polémico exarzobispo José Antonio Eguren, implicado en acusaciones de encubrimiento al fundador Luis Fernando Figari. Así, el viaje de León XIV en noviembre no solo será un reencuentro con su antiguo hogar pastoral, sino una inspección de primera mano a una Iglesia local que busca sanar sus heridas más profundas.
Escribe: Naomi Selene Carrasco Cruz.