El fenómeno de El Niño Costero 2026 ya se encuentra en fase inicial y podría intensificarse antes de julio, según informó el Servicio Nacional de Meteorología e Hidrología (Senamhi). El incremento sostenido de la temperatura del mar frente al litoral peruano desde febrero activó las alertas tempranas y llevó al Gobierno a declarar el estado de emergencia en más de 700 distritos del país.
El escenario no solo plantea un desafío climático, sino también económico y político, en un contexto donde la infraestructura, el comercio exterior y la estabilidad fiscal podrían verse seriamente comprometidos.

Las lluvias asociadas al Niño Costero ya generan aniegos en zonas urbanas de la costa norte, una de las regiones más vulnerables al fenómeno (Foto: Difusión).
¿Qué está ocurriendo en el océano?
El Niño Costero se define operacionalmente como el aumento de la temperatura superficial del mar por encima de 0,5 °C respecto a su promedio, condición que debe mantenerse por varios meses. Este calentamiento progresivo genera mayor evaporación, incrementa la humedad atmosférica y altera los patrones de viento, favoreciendo lluvias intensas, tormentas eléctricas y desbordes en la costa norte y central.
Según el monitoreo de la Comisión Multisectorial encargada del Estudio Nacional del Fenómeno El Niño (Enfen), el evento podría extenderse hasta noviembre. Si bien las precipitaciones más intensas suelen concentrarse en los primeros meses, el impacto térmico podría prolongarse durante otoño e invierno.
Emergencia nacional y daños acumulados
El Ejecutivo declaró el estado de emergencia en más de 700 distritos debido a lluvias, aludes y desbordes. El Ministerio de Transportes reportó más de 900 kilómetros de carreteras afectadas en regiones clave, lo que compromete la conectividad y el traslado de cientos de miles de personas.
Las cifras recuerdan antecedentes graves: en 2017 el Niño Costero dejó más de 160 fallecidos y afectó a 1,7 millones de personas. La recurrencia del fenómeno revela que el Perú enfrenta un patrón estructural de vulnerabilidad climática.
El costo económico: más de S/291 millones diarios en riesgo
La Cámara de Comercio de Lima estimó que un Niño Costero de intensidad débil a moderada podría generar pérdidas superiores a S/291 millones diarios en siete regiones que concentran el 23,3 % del PBI nacional.
Los sectores más expuestos serían manufactura, agropecuario, comercio y transporte. Además, las exportaciones pesqueras y agroindustriales enfrentarían riesgos importantes ante posibles reducciones de captura y alteraciones logísticas.
Considerando que en 2025 las exportaciones de frutas superaron los USD 7.560 millones, cualquier interrupción prolongada en infraestructura vial o portuaria podría afectar no solo ingresos empresariales, sino también recaudación fiscal y estabilidad cambiaria.
Una lectura desde las Relaciones Internacionales
Más allá del impacto interno, el Niño Costero coloca al Perú en el centro de una discusión global sobre cambio climático, resiliencia y gobernanza ambiental.
Primero, el país enfrenta el reto de fortalecer su capacidad de adaptación frente a fenómenos cada vez más frecuentes. Esto implica acceso a financiamiento climático internacional, cooperación técnica y cumplimiento de compromisos multilaterales en materia de gestión de riesgos.
Segundo, la alta dependencia de exportaciones primarias sensibles al clima evidencia una vulnerabilidad estructural en la inserción internacional peruana. Eventos extremos afectan cadenas de suministro, contratos comerciales y reputación como proveedor confiable.
Finalmente, la respuesta estatal será observada por organismos internacionales, inversionistas y socios comerciales. La capacidad de prevención, reconstrucción eficiente y transparencia en el uso de recursos influirá en la percepción de riesgo país.
El Niño Costero 2026 no es solo un fenómeno meteorológico. Es una prueba de resiliencia institucional, solidez económica y visión estratégica frente a un entorno climático cada vez más incierto.
Escribe: Naomi Selene Carrasco Cruz.