En los últimos años, el litoral peruano ha dejado de ser solo un escenario de biodiversidad para convertirse en un tablero de tensiones geopolíticas y crisis económica. La presencia masiva de flotas de larga distancia, especialmente de bandera china, en el límite de las 200 millas peruanas, ha encendido las alarmas no solo de biólogos y ambientalistas, sino de los propios pescadores artesanales que hoy ven su oficio en riesgo de extinción.
Con una capacidad industrial que permite procesar y congelar el recurso en altamar, estas naves operan como un muro que intercepta la biomasa antes de que ingrese al dominio marítimo peruano. ¿Cómo afecta esto a la mesa de los peruanos y al equilibrio de nuestro ecosistema marino?
El Impacto en el puerto y la crisis del pescador

En el puerto de Chancay, la identidad de pueblo pesquero está bajo asedio. Según la Cuarta Encuesta Estructural de la Pesca Artesanal (ENEPA IV) de 2025, el país cuenta con más de 77,000 pescadores artesanales, un crecimiento del 30% respecto a la década anterior. Sin embargo, este crecimiento numérico choca con una realidad drástica: hay más pescadores, pero mucho menos pescado.
«La pesca ya no es como antes. Por el tema del megapuerto, ahora prácticamente están privatizadas nuestras playas», denuncia Roger Pachamango, representante de la Asociación de Pescadores Artesanales de Chancay. Según el dirigente, el impacto es doble: por un lado, la construcción del megapuerto ha tapado nacimientos de especies y restringido el acceso a zonas históricas de pesca; por otro, la incursión de barcos extranjeros ha mermado la abundancia de recursos como la pota.
La escasez ha transformado la economía local. Pachamango señala que, especies que antes abundaban, como la lorna, el pejerrey y el mimí, hoy son difíciles de encontrar en la orilla. Gustavo Baca, presidente de otra asociación de pescadores en Chancay, refuerza esta preocupación: «Hace año y medio o dos años había pesca, había negocio. Ahorita, lamentablemente, la pesca no está resultando; ni al 30% está llegando».
Esta crisis empuja a los pescadores peruanos a situaciones extremas. Al tener que alejarse más de la costa para encontrar recursos, los costos de combustible aumentan y los riesgos se multiplican. «He visto que hasta colegas han volteado su embarcación, se están arriesgando porque no hay recursos», relata Baca con indignación.
Un imán tecnológico que vacía nuestro mar

La ventaja de la flota china no radica solo en el tamaño de sus buques de acero de hasta 1000 toneladas, sino en su tecnología. El biólogo marino y especialista en ecosistemas marinos, Anthony Apeño, explica que estas embarcaciones hacen uso de tecnologías como potentes luces LED, que funcionan como un imán gigante en la frontera de las 200 millas.
«Estas luces atraen al calamar gigante fuera del mar peruano. Al aglomerarse en el límite, prácticamente sacan el recurso de la zona litoral peruana», señala Apeño. El resultado es una escasez progresiva en las aguas nacionales, donde el recurso no llega a completar su recorrido natural.
A esta ventaja tecnológica se suman maniobras para evadir la fiscalización. Si bien el Decreto Supremo 016-2020-PRODUCE exige que los buques extranjeros instalen sistemas de seguimiento satelital nacional (VMS) para utilizar puertos peruanos, se ha reportado que diversas embarcaciones aprovechan vacíos legales. En ese marco, parte de la flota china habría solicitado el ingreso a puertos peruanos bajo la figura de “emergencia”, lo que les permite operar sin adecuarse plenamente a la normativa vigente.
El registro de estas naves es sombrío. Según The Outlaw Ocean Project, naves como la Xun Xing 16—sancionada por Perú en 2020— y la Jing Yuan 626 —sancionada por Argentina en 2018— figuran entre las que operan frente a nuestras costas. Los pescadores locales denuncian que estos barcos entran con radares apagados (sistema AIS) y solo los activan una vez dentro para simular legalidad.
“¿Quién fiscaliza a las empresas chinas?”, cuestiona Gustavo Baca. “A nosotros, los pescadores locales, el Ministerio de la Producción nos aplica numerosas normas, multas e incluso penas de cárcel si capturamos especies en veda, mientras que a las empresas extranjeras no se les evalúa con el mismo rigor”.
Entre el desarrollo y la conservación marina

El daño al ecosistema marino de la corriente de Humboldt es una de las mayores preocupaciones, aunque las fuentes del impacto son diversas. Apeño aclara que, si bien la sobreexplotación del calamar gigante se relaciona directamente con la actividad de las flotas chinas, hasta el momento, no se ha identificado que empresas chinas o extranjeras estén generando impactos de pesca industrial dentro de las áreas marinas protegidas.
Para el especialista, la amenaza sobre estas zonas de conservación proviene de otros actores. «Se han identificado algunas otras empresas nacionales, como muchas pesqueras en el caso de la Sociedad Nacional de Pesquería (SNP), que de alguna u otra forma quieren ingresar a pescar justamente en estas áreas marino protegidas», advierte el biólogo.
Asimismo, menciona que actividades como la extracción de hidrocarburos y la futura minería submarina representan peligros latentes para estos ecosistemas.
Donde sí existe un impacto directo vinculado al capital chino es en la infraestructura costera. La construcción del Megapuerto de Chancay generará daños significativos debido al incremento del tránsito de naves de gran calado, las cuales atravesarán rutas migratorias de especies como las ballenas.
Además, la contaminación por hidrocarburos y químicos es una problemática denunciada por pescadores locales y representantes de sus asociaciones. Según advierten, este tipo de contaminación “está matando a nuestros recursos”, mientras que las mallas de arrastre industriales “arrasan con todo lo que encuentran”, destruyendo incluso los nacimientos de moluscos en el fondo marino.
Un futuro incierto

La situación ha llevado a una desconfianza profunda hacia las autoridades. Mientras el Ministro de Producción, César Quispe, asegura que el sistema monitorea a más de 3,000 embarcaciones en tiempo real y niega pesca ilegal en 2025, los pescadores en el muelle cuentan una historia distinta.
El futuro de la pesca artesanal en el norte del país es incierto. Con recursos diezmados por flotas industriales y una vigilancia estatal que los pescadores perciben como parcial, la identidad de Chancay se desvanece. «Yo calculo que de acá a 5 años ya no vas a tener que ir a Chancay a pescar, vas a tener que irte a un lugar más apartado», sentencia el representante de la asociación.
Para evitar el colapso, los especialistas sugieren una fiscalización más estricta que no solo se limite a la orilla, sino que patrulle el mar adentro con la capacidad real de sancionar a las grandes potencias pesqueras. Sin una acción decidida, el mar peruano, esa fuente inagotable de riqueza, podría terminar convertido en un desierto azul, iluminado solo por las luces de barcos que no llevan nuestra bandera.
Redacción: Daniela Ramos