Después de varios meses de relativa estabilidad, la inflación en Lima Metropolitana volvió a acelerarse en febrero. El Índice de Precios al Consumidor subió 0,69%, el mayor incremento mensual registrado en el último año. Con ello, la inflación acumulada en los últimos 12 meses alcanzó 2,21%, todavía dentro del rango meta del Banco Central, pero mostrando una tendencia al alza que no se veía desde finales de 2024.
El dato no enciende aún una alarma macroeconómica, pero sí revela una presión clara sobre productos de consumo masivo.

El alza de precios en alimentos y productos básicos impacta directamente en el gasto de los hogares (Foto: Andina).
El golpe directo: pollo, huevo y agua
El aumento estuvo concentrado principalmente en alimentos y bebidas no alcohólicas, que subieron 2,01% en febrero y representan casi una cuarta parte de la canasta familiar.
Entre los productos con mayores alzas destacan la arveja verde, el huevo de gallina, el pollo eviscerado y el agua potable residencial. Solo estos productos explicaron más de la mitad del incremento total del mes.
En términos prácticos, el precio del pollo pasó de S/11,24 a S/12,42 en menos de un mes, mientras que el huevo subió de S/5,45 a S/7,00. Estos incrementos impactan directamente en el presupuesto diario de millones de familias, especialmente en los hogares que destinan una mayor proporción de sus ingresos a alimentos.
Servicios también presionan
El encarecimiento no se limitó a los alimentos. En el rubro de alojamiento y servicios básicos, el precio del agua potable residencial registró un aumento de 10,3% desde inicios de febrero. Aunque la electricidad mostró una ligera reducción, no fue suficiente para compensar el efecto total en los servicios del hogar.
En transporte también se observaron incrementos, con alzas en el gasohol y en los pasajes aéreos nacionales. Esto sugiere que la presión inflacionaria se extiende a rubros que afectan tanto la movilidad cotidiana como los viajes interregionales.
¿Es preocupante este repunte?
La inflación subyacente, que excluye alimentos y energía por su volatilidad, fue menor que el indicador general. Esto indica que el repunte responde principalmente a factores específicos y temporales.
Sin embargo, el problema no es solo el porcentaje anual, sino la composición del aumento. Cuando suben alimentos básicos y servicios esenciales, el impacto es más regresivo y afecta con mayor intensidad a los hogares de menores ingresos.
Impacto en regiones
El incremento de precios no fue exclusivo de Lima. Varias ciudades del país registraron variaciones anuales superiores al 2%, lo que evidencia que la presión inflacionaria tiene alcance nacional.
Lo que viene
Aunque el nivel general de inflación se mantiene dentro del rango meta, el repunte de febrero podría anticipar meses de mayor volatilidad en productos agrícolas y servicios regulados.
El reto para la política económica será evitar que estos incrementos se trasladen a más rubros y terminen afectando las expectativas. Mientras tanto, para el ciudadano común, la discusión macroeconómica se traduce en una realidad concreta: pagar más por productos básicos que forman parte de la alimentación diaria.
Escribe: Naomi Selene Carrasco Cruz.