El Kremlin ha intensificado en los últimos meses sus mecanismos para atraer nuevos combatientes al frente ucraniano, combinando bonos económicos, beneficios sociales y vías aceleradas de residencia o ciudadanía para quienes firmen contratos militares. El objetivo es reponer fuerzas sin recurrir a una movilización general, una medida que sigue siendo impopular tras la convocatoria parcial de 2022 que empujó a decenas de miles de rusos a abandonar el país.
La magnitud real del contingente ruso y de sus bajas permanece sujeta a versiones contrapuestas. Vladimir Putin sostuvo en diciembre que unos 700.000 soldados rusos combaten en Ucrania, una cifra similar a la citada en 2024 y por encima de la mencionada en 2023. Sin datos oficiales regulares, la verificación independiente es limitada, mientras estimaciones extranjeras y recuentos periodísticos difieren de forma significativa.
En ese escenario, Moscú ha apostado por el llamado reclutamiento voluntario con contratos que, según activistas, suelen presentarse como compromisos de duración fija, pero luego se prorrogan de manera indefinida por disposiciones adoptadas tras la movilización parcial. Putin afirmó que el flujo de firmantes superó los 400.000 el año pasado, un dato que tampoco ha podido contrastarse de forma independiente.
Los incentivos económicos se han convertido en una pieza central. Además de salarios altos en comparación con la renta media, autoridades regionales ofrecen primas de alistamiento que pueden alcanzar decenas de miles de dólares, junto con exenciones fiscales y condonación de deudas. En la región de Janty Mansiisk, por ejemplo, se anunció un paquete de bonificaciones que puede llegar a 50.000 dólares, más del doble del ingreso medio anual estimado en esa zona.
La captación no se limita a civiles. El reclutamiento en centros penitenciarios, impulsado al inicio de la guerra por el entonces jefe del grupo Wagner, Yevgueni Prigozhin, terminó bajo control del Ministerio de Defensa, con cambios legales que abrieron la puerta a incorporar tanto a condenados como a sospechosos en detención preventiva. Medios y organizaciones de derechos humanos también han reportado presiones sobre conscriptos para firmar contratos y ser enviados al frente, pese a que el servicio obligatorio suele excluirlos de combate en Ucrania.
Un capítulo adicional ha sido la búsqueda de personal fuera de Rusia. El Gobierno aprobó normas para facilitar la adquisición de ciudadanía a quienes se alisten y, dentro del país, activistas han denunciado redadas en zonas donde viven o trabajan migrantes para presionarlos a enrolarse. Un decreto promulgado en noviembre hizo obligatorio el servicio militar para extranjeros que soliciten residencia permanente, mientras otros habrían sido atraídos con ofertas laborales y luego inducidos a firmar contratos con el Ministerio de Defensa.
La reacción de varios países apunta a un patrón de reclutamiento irregular. Nepal pidió el retorno de ciudadanos incorporados al ejército ruso y prohibió viajar a Rusia o Ucrania con fines laborales. India investigó una red que, bajo promesas de empleo, llevó a decenas de personas a Rusia, donde recibieron entrenamiento y fueron enviadas a Ucrania contra su voluntad. Irak reportó miles de ciudadanos alistados y aseguró haber actuado contra redes de captación, con condenas por trata de personas. Autoridades de Kenia, Sudáfrica e Irak han reconocido prácticas similares que afectan a sus nacionales.
A estos casos se suma la participación de Corea del Norte, que tras firmar un tratado de defensa mutua con Moscú en 2024 envió miles de soldados para apoyar operaciones en la región rusa de Kursk, según el mismo reporte. Desde Ucrania, la agencia encargada de prisioneros de guerra afirmó este mes que más de 18.000 extranjeros han combatido o combaten del lado ruso, con alrededor de 3.400 fallecidos y cientos de cautivos de unos 40 países.
Analistas citados en el informe sostienen que la combinación de bonos, beneficios y captación externa refleja un giro más creativo del Kremlin para sostener el esfuerzo bélico, aunque con un costo creciente en una economía que muestra señales de desaceleración. Con la guerra cerca de cumplir cuatro años, la presión por mantener el volumen de tropas en el frente empuja a Moscú a ampliar su base de reclutamiento mientras evita, por ahora, un llamado masivo que podría reactivar el rechazo interno.
Redacción: Luis Santiago Miguel Cabrera Gómez