
Imagen: Barack Obama y Dmitri Médvedev durante la firma del tratado START III (Fuente: AFP)
Con la expiración del tratado Nuevo START el pasado 5 de febrero, Estados Unidos y Rusia se quedan sin el último acuerdo vigente que imponía límites verificables a sus arsenales nucleares, un hito que por primera vez en más de medio siglo deja sin topes formales a las dos mayores potencias atómicas del planeta y eleva el riesgo de una nueva carrera armamentística.
Bajo el nombre de Nuevo START —también conocido como START III—, el instrumento bilateral fue firmado en 2010 y entró en vigor en 2011 para restringir armamento nuclear de largo alcance, estableciendo un máximo de 1.550 ojivas “desplegadas estratégicamente” por país, es decir, montadas en misiles o bombarderos, además de limitar a 700 los sistemas desplegados y a 800 el total de lanzadores.
En el esquema del acuerdo, quedaban fuera las armas “tácticas” —por lo general de menor alcance y potencia—, mientras que el espíritu del tratado se insertaba en una cadena de instrumentos previos como SALT, START y SORT, diseñados para recortar el stock total heredado del final de la Guerra Fría, cuando los arsenales combinados superaban decenas de miles de ojivas.
El fin del Nuevo START deja sin un acuerdo específico a dos Estados que concentran cerca del 90% de las aproximadamente 12.000 armas nucleares del mundo, lo que alimenta temores de que Washington y Moscú vuelvan a competir en incrementos, modernización acelerada y despliegues, en un clima de tensión internacional que ya se mantiene alto.
Con todo, el fin del Nuevo START no implica ausencia total de obligaciones, porque Estados Unidos y Rusia siguen siendo parte del Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP) de 1968, que compromete a los Estados a trabajar por el desarme, aunque sin metas cuantificables específicas de reducción.
Redacción: Luis Santiago Miguel Cabrera Gómez